La televisión colombiana y el posconflicto

La televisión colombiana y el posconflicto

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La televisión lleva en nuestro país algo más de 60 años, a lo largo de la historia hemos visto sucesos y personajes que no se nos borran de nuestras mentes ni de nuestros corazones, esos que hacen que actualmente añoremos esas épocas doradas donde toda la familia podía sentarse frente al televisor y disfrutar plenamente de producciones que se hacían con el corazón y que no buscaban ser populares, simplemente que alguien así fueran 2 o 3 los viera.

La televisión privada se instaló en Colombia a mediados de 1998 y provocó un cambio total en el que se pasó de tener hasta 6 opciones distintas de entretenimiento a sólo 2 y hasta ahora así ha sido a pesar de los grandes esfuerzos de incluir un canal privado más y el excelente contenido que la televisión pública ofrece.

Anteriormente las producciones más populares de éstos canales eran novelas que hablaban del amor, de la importancia de la familia, los valores, el trabajo en equipo y el ser honesto pero todo se ha cambiado a producciones de narcotraficantes, guerrilleros, corruptos, prostitución, y demás; novelas y seriados que muestran una imagen equivocada de lo que es la vida en nuestro país a muchas familias, especialmente a los niños.

Todos los días los colombianos tienen la posibilidad muy temprano en la mañana, al mediodía o en la noche de estar informándose con todo lo que pasa en el país y en el mundo a través de los noticieros, sin embargo la “información” que reciben de parte de los principales canales de televisión no siempre muestra la noticia como es.

Los dos noticieros más populares del país (Noticias Caracol, Noticias RCN) compiten entre si buscando ser el que más rating tenga a cualquier precio y lo demuestran mucho con la forma en la que presentan las noticias donde vende el que más muestre.

Además de que se la pasan casi una hora hablando de conductores borrachos, robos en las calles, huecos en las vías, críticas al alcalde de la Capital o aprovechan cualquier victoria de alguno de nuestros deportistas (o también derrota) hablan en mayor parte del conflicto armado, con un tono muy agresivo y guerrerista con los que logran que el televidente se levante de su silla asustado y preocupado por su seguridad.

Es normal escuchar todos los días palabras como ‘narcoterrorista’, ‘atentado’, ‘abatidos’, ‘asesinados’, ‘guerrillas’, ‘cabecilla’, ‘terror’, ‘miedo’, que en realidad no sólo maximizan los problemas de seguridad y sociales que tienen azotados al país, pero también suavizando problemas que también nos afectan como la corrupción, el desempleo, la desigualdad social afectando en la mayoría de veces personas o ciudades. Es la presentación de la información con la búsqueda de un efecto político, ya sea admiración o indignación que está lejos de ser lo que tiene que ser la responsabilidad social de éstos programas que es informar.

En un artículo reciente publicado por la Revista Semana* se decía que “El lenguaje no solo describe la realidad, sino que la moldea. Y la misión del periodismo es informar. Si los periodistas asumen los vocablos que usan las fuentes –en la política, en los negocios, en el conflicto armado– dejan su función social y asumen la militancia de una causa.” y es algo a lo que diariamente se enfrente el televidente y hace que vea muy marcadas las diferencias entre los periodistas que apoyan el proceso de paz y los que están en contra.

Hace poco mostraron en las noticias al presidente Santos solicitando a los medios de comunicación que moderaran precísamente el tono con el que realizaban el cubrimiento del proceso de paz con las FARC. el procurador Alejandro Ordóñez dijo que la actitud del presidente Santos frente a la guerrilla era la de “un ratón”. El senador Jose Obdulio Gaviria usó un lenguaje muy agresivo para referirse a la ministra de Educación, Gina Parody y el expresidente Uribe afirma que la moderación verbal es sinónimo de hipocresía y que prefiere un lenguaje frentero.

Con todo este entorno que la televisión nacional ofrece es difícil pensar en que el colombiano promedio que no se pierde el magazín en la mañana y las novelas de la noche esté dispuesto a permitir que el proceso de paz que se está realizando en Cuba y que tiene respaldo total de todo el mundo y busca darle fin a 50 años de conflicto sea bueno para el país.

Lo mejor que se puede hacer si se quiere estar informado es buscar la noticia en Internet y leerla de diferentes fuentes para hacerse una idea de lo que está pasando realmente y en cuanto a las novelas, siempre está disponible el cable.

* El Tono de la reconciliación sí importa, Revista Semana 17/07/2015 Link